sábado, 17 de agosto de 2019

LA GUERRA COMO RECURSO FINAL CONTRA VENEZUELA



21 Mar 2019

La degradación de los Estados-nación han sido desde el pasado siglo la modalidad mediante la cual se ha servido el poder absolutista de Occidente y sus instancias fácticas para regir.
Las modalidades han sido de diversa índole: La guerra, la cooptación política de gobiernos, el dominio de los entes multilaterales, el asedio diplomático, el discurso único comunicacional y la imposición del sicariato corporativo y las dictaduras económicas.
Todas estas han sido denominaciones multivariables que se han entonado con el paso de décadas de gestión en los conglomerados de poder, sin que hubiera una sola variación sustancial al esquema estratégico de imponer hegemonía. El metabolismo sistémico funciona mediante la adaptación de viejos métodos a nuevas variantes.
Dicho esto, debemos detenernos en Venezuela. Y observar los eventos recientes que han tenido lugar en este país, que sabemos, cuenta con incontables recursos energéticos que son centro del interés y objeto de la proyección estratégica de Occidente en el presente,  y de cara al futuro.

LA DEFINICIÓN Y CÚSPIDE DEL ASEDIO A VENEZUELA

El momento estelar de la recaptura estadounidense sobre Venezuela ha tenido lugar en los últimos años presentando nuevas cartas, nuevas situaciones.
Para hacer un breve recuento, tenemos las acciones de asedio y bloqueo financiero y comercial, el cerco diplomático operado en instancias como la Organización de Estados Americanos (OEA) y otros entes, la criminalización del gobierno del país mediante la narrativa mediática, la instauración del discurso político de la “crisis humanitaria” como eventual causal de intervenciones, y otros actos de injerencia y ahora; la amenaza de un conflicto en su expresión armada.
Recientemente, el ataque al sistema eléctrico venezolano por vía de hackeo, abrió el abanico a nuevas situaciones de sabotaje a gran escala para propiciar una conmoción interna y fracturar, sedimentar o romper la integridad del tejido político institucional y militar del país. Ello es un componente de la guerra híbrida planteada contra Venezuela que supone, para escenarios próximos, el desarrollo de una guerra mercenaria con especial énfasis en los corredores fronterizos con Colombia y Brasil.

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AFP
El sabotaje afectó a todas las regiones de Venezuela por, al menos, cinco días.
La eventualidad de una guerra, pues "todas las opciones están sobre la mesa", dicho así desde la Casa Blanca, pasa por el indispensable desmantelamiento de las líneas duras de defensa del país que yacen en la, hasta ahora, imperturbable entidad castrense alineada en las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) junto al presidente Maduro. Un desmantelamiento que está demostrado no puede ocurrir de manera súbita, sino más bien mediante modalidades de agotamiento y desgaste al mediano plazo.
Pese al golpe de Estado contra Hugo Chávez en el 2002 y el sabotaje patronal y petrolero de 2003. Pese a las acciones violentas y pre-bélicas de los años 2014 y 2017, el momento cúspide contra Venezuela tiene lugar justo ahora, por la particularidad de los eventos que hemos conocido en apenas dos años.
La trama de severo bloqueo para quebrar a plenitud la economía venezolana; el intento de magnicidio al Presidente Maduro, que contó con la planificación de Washington y Bogotá; el ascenso mediante vías artificiales de Juan Guaidó como "presidente paralelo"; el intento de ingreso forzoso de “ayuda humanitaria” a Venezuela, que no se basó en el ingreso de ayuda sino como acto para fracturar a la FANB; finalmente, el ciberataque al sistema eléctrico venezolano y su creación como espacio de maniobra para fracturar a la República desde adentro. 
Son todos estos elementos diferenciados que tienen un claro denominador común; eventos de gran escala experimentados en Venezuela, con el propósito elemental de establecer una nueva hoja de ruta de adaptación de viejos métodos mediante nuevas variantes.
Estos actos entonces, yacen bajo los designios de los centros de poder, en su constante y estructurado plan de remodelación de las relaciones de poder planetario, que sabemos, en las últimas décadas han definido las relaciones internacionales y el devenir de los países. Casi siempre colocando países y regiones enteras de rodillas a Occidente.
Los esquemas que se están aplicando en estos momentos en Venezuela, algunos no son enteramente nuevos, otros tienen lugar con evidencias en su rediseño, otros son bastante nuevos. Todos parten del principio de elevar los niveles de eficacia en el trato que Estados Unidos da contra países-objetivo, sin tener que lidiar con los costos de las guerras a la vieja usanza. Lo vimos en Libia, lo vemos en Siria.
Los métodos de guerra no convencional aplicados en Venezuela tienen una sintomatología que ilustra una clara evolución que se aproxima indefectiblemente al desarrollo de una fase violenta abierta y total. Si revisamos todos los esquemas reseñados, desde la creación de Juan Guaidó hasta el apagón inducido, todas estas operaciones son actos a gran escala creados para germinar un conflicto que permita detonar desde ese punto, nuevos episodios de la guerra híbrida.

¿QUÉ PODRÍA OCURRIR EN VENEZUELA?

En Venezuela hay dos escenarios posibles en la trama de intento de desmantelar y avasallar su condición de Estado-nación. A menos que haya lugar a distensiones políticas y el país se encamine a nuevos espacios de diálogo político, el país seguirá en una vertiginosa carrera de empuje consistente al conflicto. Pues la guerra, es el último recurso a emplear para avasallar su condición de Estado-nación.
Para la Casa Blanca, el caso venezolano es desde ahora un asunto de primer nivel en su plan operativo de relaciones internacionales y constante adecuación de su esquema de poder. Es además, un asunto político, administrativo y preelectoral en la política interna estadounidense. Eso implica que Venezuela difícilmente saldrá ilesa. La Casa Blanca difícilmente desistirá y pretenderán todos sus esfuerzos para capitalizar una victoria al menos parcial en su hoja de ruta.
Esto quiere decir que si el presidente Maduro consigue el diálogo político que siempre ha solicitado con la oposición interna, Washington presentará tal cosa como un "éxito" de su política de presión y asfixia. Pero Washington aspira a mucho más. Aspira al desmantelamiento del chavismo del poder y van a afincarse desde y hacia varias direcciones.
En Venezuela podrían tener lugar nuevamente, actos de sabotaje a gran escala para intentar debilitar al Estado y su capacidad de respuesta. Así como intentar fragmentar la cohesión social, propiciar la conmoción y alimentar las reacciones destempladas de sectores antichavistas. Pretenderán crear un umbral de caos.
Las acciones podrían apuntar a los ataques no solo al sistema eléctrico, sino también contra instalaciones petroleras, aprovechando las vulnerabilidades creadas en años de bloqueo financiero a PDVSA y ahora el boicot comercial al crudo venezolano, para degradar las infraestructuras y capacidades de producción a niveles inéditos. Léase en este punto el sensible ataque al que hubo lugar recientemente en Petro San Felix en el estado Anzoátegui, contra tanques con diluyentes indispensables para la producción de crudo extrapesado.
Otro escenario que podría tener lugar, es la aparición en el corto plazo de células armadas bajo denominación abierta, que efectúen ataques en las zonas fronterizas y guarniciones, con el fin de medir la capacidad de respuesta de la FANB y al mismo tiempo sedimentar su integridad operativa. También con el fin concreto de ocupar territorios, balcanizar la frontera e imponer relaciones de dominio territorial. Desde ese punto, abrirle paso a una guerra de desgaste mediante funcionabilidad armada.
Es indispensable no descartar el advenimiento de acciones terroristas a la vieja usanza, es decir, mediante el uso de fuerza brutal y abierta, contra sectores sensibles de la población.
Rusia, por medio de su vocera María Zajárova, ha referido que Estados Unidos está empleando como informantes a grupos del crimen organizado en Colombia para identificar rutas de acceso (trochas) en la frontera binacional para dar pie operativo a sus acciones de cambio de régimen en Venezuela. Indicador ese, de que Estados Unidos está creando una arquitectura operativa para el salto a la fase violenta.
Como complemento, Estados Unidos seguirá acentuando las agresiones financieras, que podrían traspasar de ataques a las finanzas y compras del Estado a acciones contra el sector privado de Venezuela. También podrían intercalarse con acciones de ciberataques a las estructuras bancarias nacionales. Es decir, desde ataques a los sistemas de pago, como por ejemplo Credicard, hasta la anulación ya planteada de las tarjetas Visa y Mastercard en Venezuela, ambos casos como fórmulas (hipotética una y probable la otra) para profundizar la asfixia y acentuar el deterioro del país.
También hay que considerar la lectura de los "puntos ciegos" de la infraestructura de seguridad integral del país. Que implican una amplia gama de ámbitos, desde aeropuertos de uso civil hasta infraestructuras esenciales como el Metro de Caracas ¿Qué implica esta hipótesis? Que todo espacio de carácter medular, podría ser ahora un blanco potencial por tener derivaciones sensibles a la vida venezolana y ninguno estaría exento, en ese escenario, de las acciones en escalamiento a una fase bélica.
Para finalizar. Todos estos escenarios, hay que recalcar, podrían ocurrir e ir en incremento, a menos que haya lugar a espacios de distención política de conformidad con el gobierno venezolano y el estadounidense. Algo difícil, pero no imposible. En este contexto, el gobierno venezolano, que mantiene posición clara y sólida en su centro de gravedad política, ve en el tiempo un aliado conforme la agenda "Guaidó" sufre un desgaste y agotamiento acelerado que podría incrementar el apresto político del chavismo en el poder.
Mientras que la Casa Blanca, asediada desde varios costados de su frente interno, ve a una gestión Trump que difícilmente puede lograr recursos para un muro fronterizo y cada día lidia con mayores señalamientos por una política exterior errática que no ha dado los resultados que esperan. En este punto, para ellos el tiempo juega en contra y un eventual diálogo político hasta podría ser un salvavidas para ellos.
Sin embargo, el tiempo actual no da señales abiertas de tal eventualidad. En Venezuela reina una calma tensa. El Presidente Maduro permanece imperturbable, el tejido del directorio político del gobierno permanece impoluto y el golpismo se sedimenta para abrirle paso a un conflicto en ciernes que no termina de dar señales claras de consolidarse.
Y sobre una guerra en Venezuela ¿qué se dice en la región? Según el actual jefe del Comando Sur en una entrevista para Reuters, "hemos estado conversando con nuestros socios en la región y nadie, absolutamente nadie, piensa que la opción militar es una buena idea". Desde este punto se marcará o no, el nivel de sensatez o atrevimiento de Washington ¿Cruzarán la línea?

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