viernes, 9 de agosto de 2019

El abogado del diablo


Entre las tremenduras del jocoso comediante venezolano llamado Juan Guaidó está el espurio nombramiento a diestra y siniestra de sus familiares, amistades, compadres, allegados y compañeros de partido en cuanto cargo imaginario se le ocurre inventar. Claro, esto es nulo de toda nulidad. Sin embargo, algunos países con gobiernos de extrema derecha, montados en la agenda del golpismo en contra del legitimo gobierno de Venezuela, le han dado cuerda al loco, reconociendo a los monigotes del “equipo” Guaidó, violando las más mínimas normas diplomáticas, el respeto a la soberanía y la no injerencia en asuntos internos.
En la mayoría de los casos, estos diplomáticos y funcionarios del “equipo” Guaido, no pasan de ser hologramas, esperpentos virtuales, sin atribuciones ni competencias reales para ejercer ningún cargo público o para representar al país. A duras penas llegan a jarrones chinos, parte del fraude montado por Guaidó. Son solo parrilla para rellenar las redes sociales de la derecha histérica y de los “temibles” guerreros del teclado.
En principio, se sumaron a otros casos de locura e inutilidad como el llamado “TSJ en el exilio”, cuya primera sentencia evidenció la inaplicabilidad real de cualquier decisión que este experimento siniestro pudiera emitir. Pero de la inutilidad pasaron a la rapiñería descarada, metiéndole el diente a empresas propiedad del Estado venezolano como Citgo o Monómeros Colombo-Venezolanos, una filial de Pequiven ubicada en el vecino país.
Ya es público y notorio que gran parte de los “sacrificados patriotas” de la derecha, el “equipo” Guaidó, no trabajaban tan ad honorem como pensábamos. Para nada. La mayoría vive de trasquilar a las empresas que usurpan, viven de los negocios con los bonos y los más descarados e inmorales reciben pago directo del gobierno norteamericano. Lacayos sin vergüenza alguna. Hampones VIP que solo bailan al ritmo del dólar.
Pero la cosa se pone peor. Estos inescrupulosos maleantes también están en la jugada de esquilmar y rematar los activos venezolanos en el extranjero. El caso más patético lo representa el “Procurador Especial” en el exilio, José Ignacio Hernández. Nombrado en la Gaceta Hípica por el irresponsable Guaidó, capo di tutti capi.
Nada de virtudes ni hechos sobresalientes en su pasado. Solo le vale ser un sifrino más, pana burda del usurpador Guaidó. Sus nexos y experiencia laboral son lo importante a destacar. Su bufete defendió a Empresas Polar en contra del Estado venezolano. También representó a Owen Illinois en contra del país. Es parte del equipo nombrado por Guaidó, con el aval de su jefe Donald Trump, para usurpar la directiva de Citgo. Pero la cereza en la torta es su participación, en calidad de asesor experto, en el juicio que la empresa minera canadiense Crystallex sigue en contra de Venezuela. Hay que ser bien apátrida, un inmoral y un sinvergüenza para vender a tu propia patria por unos cuantos dólares. Dañar a todo tu país por defender a una corporación extranjera. Esto refleja el bajísimo nivel ético y moral de los altos cargos del “equipo” Guaidó.
Ahora Hernández se presenta cándidamente como el abogado del diablo. Como el más probado de los purísimos patriotas del “equipo” Guaidó, que desprendiéndose de todo interés personal, monetario y financiero, vino a este mundo a defender hasta la muerte a Citgo del embargo (un riesgo que él mismo ayudo a generar). Ese macabro cuento no se lo cree nadie. Esta derecha inescrupulosa ya se debe haber comprometido con Trump y sus halcones a rematar a precio de gallina flaca los activos de Citgo, tanto con Crystallex como con los tenedores de los bonos emitidos por la República (bonos 2020), con respaldo en la propia empresa. Todo posterior al bloqueo financiero del país, impidiéndole cumplir sus compromisos (pago de intereses y capital) como históricamente lo había hecho.
La Fiscalía anunció certeramente el inicio de averiguaciones penales en contra del procurador chimbo de Guaidó. No es solo la inmoralidad de litigar en contra de tu patria, también hay “prevaricación”, porque en el ejercicio de un cargo (así sea de manera espuria), Hernández se confabuló con empresas extranjeras para dañar los intereses de la República. Utilizó información privilegiada de Citgo, a la que, como funcionario usurpador del “equipo” de hampones de Guaidó, tuvo acceso gracias a los disparates del desequilibrado presidente Donald Trump, el cual les dio licencia abierta para saquear libremente los activos de Venezuela en ese país.
Hernández y Guaidó siempre se inclinarán por el lado de sus avariciosos bolsillos, favoreciendo los intereses de sus generosos y acaudalados patronos. El “equipo” de Guaidó está compuesto en su totalidad por hambrientos zamuros a los cuales los han puesto irresponsablemente a cuidar carne. El abogado del diablo solo defiende a las fuerzas del mal.
Richard Canan
Sociólogo
@richardcanan

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